Cómo habrás visto en algún capítulo
anterior, lo que tratamos los hombres
que buscamos la felicidad, es erradicar
todo mal pensamiento y sentimiento de
nuestra mente. Lo verdaderamente importante
de esto, no es el mantener una lucha
abierta y constante en contra de ello,
sino lograr cambiar nuestra actitud
hacia ello.
"La integridad del alma es la única
cosa que importa; no existe otro problema
o necesidad que satisfacer más que esto,
pues si lo logramos, lo tendremos todo".
Esta máxima de Emmet Fox pone sobre la
mesa lo importante que es tener el alma
tranquila y llena de dicha.
Pensemos que del alma dependen los
sentimientos, pensamientos y acciones
de todo hombre, por ello, debemos hacer
todo lo posible, quizá hasta lo imposible,
por mantenerla íntegra. Tengamos presente
que cualquier oposición a nuestra comunión
con Dios debe desaparecer de nuestras
vidas. Desterraremos de nuestra mente el
odio, rencor, pecados y la codicia sobre
cosas materiales, pues de ellos depende
enormemente nuestra comunión con lo
Supremo.
Para muchas personas es sumamente fácil
darse cuenta de estas trabas que menciono,
cuando ven a una persona que sólo le interesa
tener dinero a costa de lo que sea, o cuando
odia abiertamente a otra persona. Pero casi
nadie se puede dar cuenta de males casi
imperceptibles que muchos hombres cometen,
y los cuales les impide lograr la comunión
con Dios.
Muchas veces, debido al trabajo o a los
amigos, las personas llegan a caer en
presunciones, vanidades, amor propio, etc.
Este tipo de actitudes, quizá un poco
menos malignas que las anteriores, también
detienen nuestro ascenso y nuestra felicidad.
Es muy importante que logres encontrar
cualquiera de estas trabas y ponerles fin.
Recuerda que no tienes que luchar contra
cualquier problema que detenga tu
superación, pues si así lo haces, seguramente
perderás cada batalla que tengas en contra
de ellos. Por el contrario, si piensas en
un Equivalente Mental opuesto al que tanto
te lastima, éste llegará a ocupar el lugar
que tenía. Es como si quitaras una manzana
podrida de la canasta, y en su lugar
colocaras una manzana fresca, bellas y sana.
Tampoco es conveniente tratar de huir de
los problemas, pues en la primera oportunidad,
los volveremos a encontrar volteando la
esquina o debajo de la cama. Debes hacerle
frente a cualquier circunstancia o problema
que se te presente, y verlo con los ojos
espirituales y con el alma tranquila y
feliz. Recuerda que éstas son tus únicas
herramientas para ser feliz. Recuerda
también que Dios está en ti ("YO SOY"),
y que tú eres un conducto para que todo
lo bueno y digno se manifieste ante ti.
Si en verdad tratamos de cambiar nuestra
situación, debemos entender que la lucha
o enfrentamiento ya no deben estar en
nuestro pensamiento. Lo único que debe
ocuparnos, es tratar de sustituir lo que
no nos gusta. Si en tu oficina hay un
cuadro que no te gusta, ¿lo quitarás
para poner en su lugar otro que tampoco
es de tu agrado? Eso mismo debemos hacer
con nuestras actitudes y sentimientos.
Cuando queramos eliminar el odio, no
pensemos en la ira, pues la ira se
colocará en el lugar que ha quedado
vacío en nuestra mente. Mejor pongamos
ahí el amor. Lo mismo debemos hacer con
la pobreza, colocando en su lugar a la
abundancia.
Debemos ser prácticos en todo lo que
hagamos. Si algo no funciona, hay que
cambiarlo, no luchar para que funcione.
Si nuestro reloj deja de caminar y ya
no tiene compostura, será más fácil
conseguir otro, a nuestro gusto, del
color correcto y con los materiales de
nuestra predilección, y no tratar de
que funcione nuestro viejo reloj. Piensa
en el tiempo tan valioso que estarás
perdiendo tratando de solucionar algo
que no tiene remedio. No luches contra
ello, sustitúyelo.
Quizá los ejemplos que ponemos sean
burdos o tontos, pero igual de burdo
y tonto es el pensar que luchando en
contra de algo lograremos sacar
provecho. Ten en cuenta que mientras
más piensas en algo y más luchas en su
contra, más estarás alimentándolo en
tu mundo mental, que al fin y al cabo,
es el mundo que se te manifiesta cada
día.
Piensa cuántas veces en tu vida has
tratado de luchar en contra de algo
y triunfas completamente; nunca. Y
quizá esta sea la causa por la que
constantemente escuchamos a personas
decir refranes como: "si no puedes
con el enemigo, únete a él" o "más
vale un mal arreglo, que un buen
pleito".
La verdad, es que ninguna de las dos
cosas funcionan para alguien que
busca tener una comunión completa con
Dios, y manifestar toda su bondad y
felicidad ante él mismo. En el Libro
de Oro de Saint Germain encontramos lo
siguiente: "YO SOY la eterna Liberación
de toda imperfección humana. YO acepto
ahora mi perfección completa ya terminada".
Si dices y sientes con alegría y
entusiasmo esto, y estás plenamente
convencido de ello, no tendrás problema
alguno.
Si ya estás cansado de luchar y perder
siempre, te invitamos a que sustituyas
todo lo malo por lo bueno, y verás que
muy pronto las perspectivas de superación
y cambio llegarán a tu vida.
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