El tipo flemático y tranquilo: La persona pacifica, reforzadora, pasiva y reprimida
EL PERFIL
El Nueve (9) es el tipo de la Triada del Relacionarse que se encuentra más distanciado de su habilidad para relacionarse con el entorno tal como es. Las personas de este tipo se han identificado tanto con una visión idealizada de la realidad que carecen del sentido de sí mismos al margen de sus idealizaciones. Los Nueve y sus visiones idealizadas se convierten en una sola cosa. Aunque esto les proporciona una profunda sensación de paz y bienestar, también corren el peligro de estar demasiado reprimidos, poco desarrollados y apáticos ante la realidad. Los nueve promedio y malsanos ignoran lo que no quieren ver, en vez de manejar todo aquello que les perturba por lo contradictorio que resulta ante su visión idealizada de las cosas.
SANO: Los Nueve sanos son profundamente receptivos, abiertos, poco cohibidos, emocionalmente estables y serenos. Aceptantes, confiados en sí mismos y los demás, relajados, en armonía con la vida.
Pacientes, amables, modestos, inocentes, sencillos y genuinamente agradables. Optimistas, reforzadores, bondadosos, apoyadores, hacen que la gente se sienta cómoda y tienen una influencia sedante, sanadora, armonizando a los grupos y uniendo a las personas.
Buenos mediadores, confortadores y protectores. Tienen una enorme dignidad, profunda serenidad y verdadera paz que proviene de la aceptación de su condición humana.
En su mejor estado se vuelven dueños de sí mismos y tienen gran ecuanimidad y genuina satisfacción.
Se sienten autónomos y realizados, paradójicamente unidos consigo mismos, pero capaces de establecer relaciones más profundas debido a su unión interior. Se vuelven más atentos, despiertos y alertas ante sí mismos y los demás.
Las fortalezas de los nueve sanos se basan en la capacidad de identificarse íntimamente con una persona o creencia. La receptividad, optimismo y serenidad de los Nueve sanos son reaseguradores para los demás, permitiendo a estos florecer porque los Nueve crean una atmósfera armoniosa para todo el mundo.
PROMEDIO: Los Nueve promedio se vuelven humildes, acomodándose y aprobando demasiado a los demás.
Dóciles, excesivamente adaptables y conciliadores, aceptando ingenua e incondicionalmente roles y expectativas convencionales, subordinándose al otro, idealizando al otro y viviendo a través del otro. Conservadores y temerosos de los cambios, trastornos o presiones de cualquier tipo.
Se vuelven pasivos, flemáticos, indiferentes y complacientes, alejándose de los conflictos y barriendo los problemas debajo de la alfombra.
Perezosos, emocionalmente indolentes, maldispuestos a esforzarse, muestran indiferencia y floja dilación, deteniéndose hasta que los problemas desaparecen solos.
Empiezan a "desintonizarse" de la realidad, olvidándose de lo que no quieren ver. Desligados, desatentos e irreflexivos; el pensar se vuelve confuso, poco claro y meditabundo, principalmente acerca de nociones idealizadas de cuan armonioso y "placentero" debería ser todo.
Si los problemas no desparecen, los Nueve empiezan a minimizar su seriedad para clamar y apaciguar a los demás, para "dejar detrás los problemas" y para tener "paz a cualquier precio".
Se vuelven estoicos, fatalistas y resignados, como si no se pudiera hacer nada para cambiar las cosas. Tienen poco criterio, responsables de los pecados de omisión y pensamientos fantasiosos, buscando una solución mágica que resuelva los problemas sin su esfuerzo o respuesta.
Los Nueve promedio socavan su propio desarrollo (y su capacidad de encarar la realidad) idealizando demasiado al otro, ya sea una persona o una abstracción.
MALSANO: Los Nueve malsanos se tornan demasiado reprimidos y entonces se produce un desarrollo personal inadecuado: se convierten en individuos desvalidos e incapaces, y los demás deben intervenir para salvarlos de ellos mismos.
Se vuelven obstinados, negando con insistencia la existencia de problemas y conflictos o que algo anda mal. Seriamente negligentes e irresponsables, peligrosos para cualquier persona que los necesite.
Si los problemas persisten, se disocian de cualquier cosa amenazante, de modo que a la larga no pueden funcionar, convirtiéndose en individuos severamente desorientados, despersonalizados, catatónicos e inmovilizados.
Existe la posibilidad de colapso emocional, fragmentación de la personalidad con personalidades múltiples.
Los Nueve malsanos se tornan peligrosamente fatalistas y negligentes al aferrarse a lo que se ha convertido en poco más que ilusiones acerca de la realidad de la cual se han disociado.
EL ESTILO DE COMUNICACIÓN
La Comunicación Verbal
Los Nueve se expresan concediendo a cada cosa la misma atención emotiva e intelectual, para no correr el riesgo de mostrar preferencias y generar conflictos. Si se les pide que tomen postura ante dos distintas tesis expuestas en un grupo, pueden decir: "Estoy de acuerdo con -X- por esto, y con -Y- por esto otro". Su tono de voz es sereno, reflexivo y libre de aquellas emociones que podrían agrietar las relaciones. A menudo se comunica por medio del humor, lo cual les hace especialmente atractivos.
Gestualidad
Los gestos de los Nueve son medidos y controlados. No son muy enérgicos por naturaleza; les gusta la compañía, son acogedores y pasan gustosamente el tiempo con los amigos o frente al televisor. Saben adaptarse bien a las circunstancias y son cordiales y delicados en sus manifestaciones de afecto.
Uso del Espacio
Los ambientes de los Nueve suelen ser limpios y ordenados, con pocas cosas, pero significativas para ellos.
Relación con el Tiempo
Los Nueve mantienen una relación distendida con el tiempo, son metódicos y hasta rutinarios en el modo de hacer las cosas y presumen de ser fieles en la realización del trabajo, especialmente en sus compromisos profesionales. A la hora de organizar su tiempo, evitan introducir variaciones y horarios estresantes. Les gusta vivir en ambientes serenos, prefieren hacerlo todo con calma y difieren para mañana lo que no pueden hacer hoy.
Vestido
Los Nueve no se distinguen precisamente por vestir a la ultima moda. La ropa no tiene excesiva importancia para ellos. Visten de manera informal y cómoda y son más bien conservadores en cuanto al estilo y a los colores.
PASIONES VICIOS Y VIRTUDES
Los Vicios __________ La Pereza
La pereza es el pecado capital del Nueve, que tiene el peligro de abandonarse a la inactividad y dejar para mañana lo que tendría que hacer hoy, o de dejarse influir por el humor del momento o por la decisiones de los demás. En una palabra los pecados de los Nueve son los de "omisión" y tienen que ver con cosas que no se han hecho, con oportunidades que se han perdido y con cualidades que se han reprimido y mantenido ocultas.
En relación con el pecado de indolencia, San Pablo establece la siguiente regla: "Quien no trabaje, que no coma".
La pereza del Nueve puede tener que ver con la iniciativa concreta, que prefiere dejar a otros, o con el ámbito de las relaciones, en el que tiende a no afrontar los problemas y a evitar los conflictos. La pereza del Nueve puede asumir las siguientes manifestaciones:
La Resistencia al cambo: Predilección por las cosas habituales y rutinarias, agresividad pasiva, tendencia a la resignación.
El Olvido de sí mismo: Dificultades para la introspección y para la conciencia de las propias necesidades, renuncia a los deseos para responder a las expectativas ajenas, tendencia a desacreditarse, necesidad de pasar inadvertido.
La Compasión: Tendencia a colmar la inercia mediante actividades compensatorias, como la dependencia del alcohol, de la comida, de la televisión, de la lectura o de un "hobby".
La Distracción: Inclinación a despilfarrar las energías en los intereses del momento, sin objetivos de fondo hacia los que orientar el propio esfuerzo.
Identidad a través de pertenencias: La imagen que el Nueve tiene de sí mismo esta mediatizada por sus contextos de pertenencia, como la familia, el ambiente de trabajo o el grupo de amistades, que contribuyen a definir las funciones y la identidad. Y, sobre todo, está la búsqueda de fusión con la pareja para compensar la débil identidad personal.
Las Virtudes __________ La Diligencia
El itinerario de crecimiento para los mediadores está vinculado a la capacidad de desarrollar la virtud de la diligencia, que se cultiva mediante la práctica de actitudes como las siguientes:
_ Asumir la responsabilidad por los dones recibidos, implicándose en la vida y con los demás.
_ Encender el fuego interior de la motivación y apretar algo más el acelerador.
_ Afirmar el propio valor y dignidad, conscientes de que no es posible amar al prójimo sin amarse a uno mismo.
_ Desarrollar la pasión por la vida sacando a la luz las propias energías y capacidades.
_ Encauzar la agresividad y los sentimientos.
_ Expresar las opiniones propias y afrontar de manera constructiva los conflictos y la diferencias, evitando hacer creer a toda costa que todo es paz y armonía.
_ Establecer límites y plazos en la realización de los proyectos, sin perderse en infinitas distracciones o cosas no esenciales.
_ Aprender a centrar la atención tomando la iniciativa, estableciendo prioridades y tomando decisiones.
DIRECCIÓN DE INTEGRACIÓN __________ El NUEVE va al TRES
Se ponen seguros de sí mismos y se interesan en desarrollarse a sí mismos y sus talentos en el mayor grado posible. Se mueven del aplomo al sacarse más provecho, de una recién nacida o presencia en el mundo a una activa fuerza dirigida desde adentro.
Ya no viven a través de alguna otra persona, ni necesitan amoldarse a los roles convencionales como fuente de autoestima e identidad. Se crean imponiéndose adecuadamente. No temen el cambio, son más flexibles y adaptables, completamente capaces de encarar la realidad como personas por derecho propio.
Se han conectado con su vitalidad, con el lado agresivo e instintivo de sí mismos, los cuales pueden llevarlos a su propio desarrollo. Su paz es menos frágil, pues descubren que pueden imponerse sin ser agresivos con los demás.
Al aumentar su autoestima sus relaciones se hacen más maduras y satisfactorias. Descubren que ya no tienen que ser humildes para encontrar a alguien con quien puedan tener una relación. Al ser ellos mismos, atraen a otros al ser más interesantes y deseables que nunca. Encontrando que los demás se empiezan a identificar con ellos.
LAS RECOMENDACIONES
1.- Vale la pena examinar la tendencia de su tipo a estar de acuerdo con los demás, haciendo lo que desean para mantener la paz y ser amable. ¿Acceder constantemente a los deseos de los demás proporcionará la clase de relaciones que realmente lo satisfagan?. Recuerde, es imposible querer a los demás si uno no está verdaderamente presente para ellos. Esto significa que usted tiene que ser usted mismo, que (paradójicamente) tiene que ser independiente para poder estar realmente ahí para los demás cuando lo necesiten.
2.- Esfuércese. Oblíguese a prestar atención a lo que esta ocurriendo. No viva sin rumbo, ni pierda contacto con la gente, ni fantasee. Trabaje en focalizar su atención para convertirse en un participante activo del mundo que lo rodea. Trate de ser más responsivo mental y emocionalmente.
3.- Reconozca que usted también tiene agresiones, angustias y otros sentimientos que debe manejar. Los sentimientos e impulsos negativos son parte de usted y le afectan emocional y físicamente, los reconozca o no. Además, sus emociones negativas con frecuencia son expresadas inadvertidamente y obstaculizan la paz y armonía que usted desea en sus relaciones. Es mejor expresar las cosas abiertamente primero, al menos permitiéndose tomar conciencia de sus sentimientos.
4.- Aunque esto sea muy doloroso para usted, si su matrimonio ha terminado en divorcio o si está teniendo problemas con sus hijos, debe examinar honestamente como ha contribuido a estos problemas. Examinar las relaciones perturbadas será extremadamente difícil, porque las personas involucradas han estado cerca de su corazón. Sus sentimientos hacia los demás, lo dotan en gran medida de su identidad y autoestima. Pero si realmente quiere a los demás, lo menos que puede hacer es examinar el rol que ha desempeñado en cualquier conflicto que haya surgido. En un último análisis, la elección es simple: debe sacrificar su paz mental (a corto plazo) para satisfacer relaciones genuinas (a largo plazo).
5.- Haga ejercicios frecuentes para tornarse mas consciente de su cuerpo y emociones. (Algunos Nueve andan de una parte a otra haciendo diligencias y piensan que hacen suficiente ejercicio con esto). El ejercicio constante es una forma sana de autodisciplina y aumentará su conciencia de sus sentimientos y otras sensaciones. Desarrollar conciencia corporal le ayudará a concentrarse y a focalizar su atención en otras áreas de su vida. Además, el ejercicio es un buen modo de ponerse en contacto con y expresar algunas agresiones.
6.- Reprimir sus sentimientos lo llevará a reacciones de somatización: inexplicados dolores de cabeza, de espalda, náuseas y otros malestares corporales. Súbitas jaquecas, crisis de llanto, ataques de pánico y sensación de angustia ante los espacios abiertos (agorafobia) son ejemplos de problemas fisiológicos y sicológicos causados por emociones reprimidas. Será difícil buscar ayuda para estos si necesita hacerlo, pero quizás sea indispensable. No tenga miedo. Si lo hace, su vida será más rica y usted estará más verdaderamente en paz.
7.- No tome tranquilizantes, excepto en momentos de gran crisis. Puede que le eviten la angustia, pero a costa de embotar la propia conciencia y capacidad de encarar lo que usted está tratando de desarrollar. Para los Nueve, tomar tranquilizantes es como "lleva hierro a Vizcaya", no es algo que usted realmente necesite, solo algo que cree necesitar para evitarse la angustia. Enfrentarse con crisis, no sólo aumentará su autoestima, sino que será un signo real para los demás de que usted en verdad es una persona fuerte y que ellos podrán acudir a usted en busca de apoyo en los momentos de crisis de su vida.
8.- En la medida en que son individuos reprimidos, una de las mayores tragedias de los Nueve es que pueden llegar al final de su vida y darse cuenta que realmente jamás han vivido. Es como si su vida le hubiera ocurrido a otra persona; ellos mismos jamás la han vivido realmente. Quizás se den cuenta (siquiera débilmente) que estuvieron "dormidos" la mayor parte del tiempo. No viva así. Acepte su vida y aprenda a sentir la magnitud de lo que significa estar vivo. Puede ser aterrador, pero estar conscientes de que estamos vivos es una de las cosas que nos separa de los animales. Si renuncia a su conciencia, está renunciando a gran parte de su vida.
9.- Confié en sí mismo para ventilar sus temores y angustias con su pareja y amigos. (Para muchos tipos de personalidad es amenazador encararse con los demás y expresar sus sentimientos, así que usted no esta solo en esto). Tenga confianza en que no dañará sus relaciones al expresarse. Piense en el alivio de saber que sus relaciones son sólidas, que su familia y amigos le responderán y que puede ser usted mismo y crecer como individuo. Esta es la base para sentirse genuinamente seguro y cómodo.
10.- Uno de sus mayores dones es su receptividad con la gente: los demás se sienten tranquilos, seguros y aceptados cuando están cerca suyo. Pero lo querrán y buscarán aun más si también sienten que usted los comprende y está atento a sus necesidades. Escuche cuidadosamente a las personas y llegue a conocerlas como realmente son. El amor que usted tiene por ellas, y que ellas tienen por usted, será mucho mas real y valioso.
Esta información adicional puede ayudarte a identificar mejor tu Personalidad; trata principalmente sobre aspectos de los niveles medio y malsano.
LAS PASIONES CAPITALES DEL 9 - LA PEREZA
Tomado de un articulo del Terapeuta Gestáltico Alfonso Colodrón
Curiosamente, las personas dominadas por esta pasión pueden ser muy activas, pues pertenecen a la tríada del impulso; es decir, son impulsivas como los "iracundos" y los "lujuriosos" (1 y 8), no muy mentales (5, 6 y 7) y poco emocionales (2, 3 y 4). Lo que ocurre es que normalmente están más dispuestas a actuar y a moverse más por los otros que por sí mismos. Si algo puede reprocharse a los "nueve" es precisamente el olvido de sí. Suelen ser las típicas personas serviciales, que detectan y escuchan las necesidades ajenas y tienen el hábito de intentar satisfacerlas anteponiéndolas a las propias. Si en una comida de grupo encontramos a una persona atenta a qué van a comer los demás, que se levanta a por el vaso o la servilleta que falta, que cede su silla al último recién llegado y que tal vez, gracias a todo ello, esté comiéndose la ensalada cuando todo el mundo está tomándose el postre, es muy posible que se trate de una persona perteneciente al grupo que estamos intentando describir.
A primera vista, por tanto, no son las personas que la psiquiatría o la psicología clásica considerarían necesitadas de terapia, ya que son las más adaptadas a su entorno familiar, profesional y social. Pero es precisamente su sobreadaptación lo que constituye el problema. Confluyen y se mimetizan tanto con su medio que al final no pueden distinguir su deseo del deseo del otro, sus propias necesidades de las ajenas; confunden sus sueños con los de la pareja y necesitan que todo el mundo a su alrededor esté bien para encontrarse bien. En cuanto surge el más mínimo conflicto, intentan apaciguarlo o se protegen, marchándose o distrayéndose y poniendo la atención en cualquier otra cosa. Sin embargo, si persiste el conflicto, su forma de agredir será la resistencia pasiva. Si en el trabajo un jefe es agobiante, no se enfrentarán directamente a él, pero pospondrán la tarea, la olvidarán o pondrán mil excusas para restablecer su rutina perturbada por el superior en cuestión.
Posponer es un verbo que los caracteriza bastante bien. Cuando surgen problemas, suelen simplemente negarlos, no como el "goloso 7" que intenta dar una solución rápida, sino sencillamente no viéndolos o, mejor aún, esperando a que se solucionen por sí mismos sin hacer nada. Por ello, su visión del mundo y de las cosas en general suele ser excesivamente simple; suelen ver mejor lo que tienen frente a la nariz que lo que está a diez metros de distancia, porque prefieren agotar tranquilamente el día de hoy sin esforzarse demasiado por el mañana. Les cuesta fijarse metas lejanas, pueden incumplir mil veces sus propósitos cercanos y culparse por no haber alcanzado los objetivos de la semana. Pero no se morirán de estrés ni les dará un infarto por ello. Quizá el personaje universal que mejor les caracterice sea Sancho Panza en toda su grandeza y con todas sus miserias: sentido común, pragmatismo a ultranza, buen comer, huida del peligro, rutinas bien establecidas y algo que, por obvio, suele olvidarse: sacrificar todo ello en aras del ideal de Don Quijote, a través del que vive una especie de vida vicaria. Los "nueve" viven las penas y las alegrías de los demás como si fuesen propias; éstas son su motor y su gasolina para rodar por la vida.
Todo ello hace que sean personas normalmente dependientes: de los padres, de la pareja, de los hermanos, de los compañeros de trabajo, de los amigos... Es difícil que den su opinión sin consultar antes las de los demás. Al final, nos será difícil distinguir si es propia o pura asimilación, ya que su principal mecanismo de defensa es la confluencia, la pérdida de límites entre ellas y el entorno, la "con-fusión" con lo de afuera: una especie de difuminación de la propia identidad. En sus casos más extremos sería una especie de fijación sadomasoquista disfrazada de amor. En la infancia supondría perpetuar el estado del bebé, no seguir los pasos normales de diferenciación, principalmente de la madre que pudo ser una madre superprotectora, aunque, en otros casos pudo ser lo contrario: ante una falta de atención generalizada por un exceso de hermanos o por el trabajo absorbente de los padres, el niño o la niña tuvieron que hacer un esfuerzo de sobreadaptación para "merecer amor". De aquí, una especie de resignación, de poner de lado los deseos propios, las necesidades personales, en aras de satisfacer continuamente a los padres hasta el punto de llegar finalmente a responsabilizarse de los deseos y necesidades de éstos.
Cuando un NUEVE acude a terapia es que está despertando. Su malestar es un primer síntoma de que se está dando cuenta finalmente de que ha construido su vida en falso, y uno de los primeros pasos tal vez sea desidealizar a los padres y no sentirse culpable por pensar, sentir y desear cosas distintas; por atreverse a vivir una vida propia. Para ello, les es útil empezar a valorar sus cualidades, que generalmente pasan por alto no dándoles mucho crédito. Sin embargo, la verdadera modestia es un peldaño seguro de ascenso personal y de aceptación por parte de los demás; por ello, podrían dejar de temer tanto la exclusión del grupo. Si se relajasen en este esfuerzo por sentirse siempre incluidos, la energía que ponen al servicio de los demás la tendrían disponible para sí mismos. Sobre todo, en el ámbito de la escucha. En lugar de escuchar tanto a los demás, podrían dedicarse más tiempo y espacio a escuchar su mundo interno, en el que generalmente no profundizan.
Al releer este párrafo, me doy cuenta de su tono de moralina y aconsejador y vuelvo a recordar qué sacan de mí los "nueve"; ganas de empujarles, deseos de que utilicen todo su potencial dormido, indignación cuando se dejan engañar o explotar, impaciencia ante su lentitud, sobreestimulación de alternativas y puntos de vista ante su excesiva simplificación del mundo... Pero todo ello es una trampa, porque asentirán inmediatamente, confluirán, sonreirán, se harán buenos propósitos haciéndome creer que está todo más claro que el agua y volverán a su ritmo y a su resistencia pasiva. Paciencia es lo que aprendo de ellos, porque de esta virtud andan sobrados.
Se me ocurre que la cara y la cruz de este eneatipo en el mundo en que vivimos serían: por un lado, un ejemplo de autosatisfacción y conformidad en tiempos en que muchas personas se encuentran inmersas en una carrera consumista en persecución insatisfactoria de aquello que siempre creen que les falta; por otro, el obstáculo que supone esta actitud para efectuar los cambios que el sistema necesita; los gobiernos, las burocracias, las grandes instituciones caminan a paso de elefante ante las urgencias sangrantes de la situación histórica que vivimos. Y es que los "perezosos" son generalmente conservadores y obstinados; una obstinación que raya en la terquedad puesta al servicio, en este caso, de la tradición, lo conocido y las mayorías acomodaticias, con el supuesto enfrentamiento pasivo al riesgo que supone cualquier innovación.
En el plano espiritual, los "nueve" suelen ser los más "terrenales" de todos los eneatipos; no suele encontrarse entre ellos muchos esoteristas, meditadores o buscadores, sobre todo en Vías que supongan esfuerzo personal y constancia. Y esto, porque suelen desinteresarse de todo aquello que no se pueda ver, oler y tocar fácilmente. Por ello pueden ser buenos funcionarios y buenos diplomáticos. Les gusta mediar y les encantan las estructuras que proporcionan estabilidad y pocas sorpresas. Sin embargo, cuando despiertan a su verdadero deseo, a su auténtica necesidad, puede surgir paradójicamente el Amor genuino por los demás y trabajar con eficacia en profesiones de ayuda o en actividades de voluntariado; al trascender su carácter, pueden poner al servicio de los otros su serenidad, visión incluyente, modestia y, sobre todo, su tendencia a las dimensiones transpersonales de la existencia humana.
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