El tipo fuerte y dominante: La persona poderosa, expansiva, dictatorial y destructiva
EL PERFIL
El Ocho (8) es el tipo de la Triada del Relacionarse que ha desarrollado mucho su habilidad para relacionarse con el entorno. Los Ocho normales tienen dificultades para relacionarse con los demás porque quieren dominar a todo aquel que se encuentra en su ámbito. Las personas con este tipo se experimentan a sí mismos como personas que pueden conseguir lo que quieren. Aunque sin llegar a la brutalidad, los Ochos pueden ser agresivos en su lucha no declarada para sobrevivir ellos mismos y por aquellos a los que quieren proteger y defender. Pueden tener un efecto altamente beneficioso sobre su entorno o todo lo contrario.
SANO: Los Ocho sanos han aprendido a luchar para conseguir lo que necesitan y desean.
Orientados a la acción, con una actitud de "puedo hacerlo" y motivados internamente. Les encantan los desafíos y son hábiles para iniciar proyectos, tomando la iniciativa y haciendo que las cosas ocurran.
Son líderes naturales que los demás respetan y a quienes acuden en busca de decisiones y orientación: decididos, autoritarios y dominantes.
Se ganan el respeto siendo honorables, usando el poder de forma constructiva, defendiendo y protegiendo a la gente, actuando como proveedores, auspiciadores y promotores de causas nobles y empresas valiosas.
En su mejor estado: se vuelven moderados, magnánimos, misericordiosos y tolerantes, dominándose, apoyando a los demás y satisfaciendo las necesidades ajenas con su fortaleza.
Valientes, posiblemente heróicos e históricamente grandiosos.
Las fortalezas de los Ocho sanos se basan en el considerarse más poderosos que el resto de la gente. Pueden utilizar su inmensa confianza en sí mismos, valentía y capacidades de liderazgo para inspirar a otros hacia grandes logros.
PROMEDIO: Los ocho promedio desean ser autosuficientes, usar su poder y fuerza sólo por su propio interés. La autosuficiencia económica es muy importantes; se convierten en "individualistas recios", atrevidos negociantes y empresarios.
Audaces, les encantan las aventuras y correr riesgos para ponerse a prueba y autoafirmarse.
Empiezan a querer dominar completamente el ambiente (incluyendo a los demás), tornándose enérgicos, agresivos y más expansivos; el constructor de imperios y agente de poder cuya palabra es ley.
Orgullosos, egocéntricos, imponiendo su voluntad y visión en todo, mandando de un lado a otro a los demás arrogantemente como si fueran sus vasallos, no considerando a las personas como iguales ni respetando sus necesidades, creando relaciones amo-esclavo (y tendiendo a mezclar sexo y agresión en una cruda vulgaridad, machismo y bravata).
Sienten que deben salirse con la suya, tornándose confrontadores, beligerantes, amedrentadores y desafiantes, creando y gozando de relaciones antagónicas. Todo lo convierten en una prueba de voluntad y no ceden.
Utilizan amenazas y el temor a las represalias para que los demás les obedezcan, para mantenerlos en desequilibrio y con una sensación de impotencia. Los demás se sienten inseguros y oprimidos; el trato injusto hace que la gente tenga resentimiento y odio hacia ellos.
Los Ocho promedio, sin embargo, tienden a dominar todo en el ambiente con demasiada agresividad, ya que sólo se ocupan de su propio interés y no respetan los derechos y necesidades de los demás.
MALSANO: Los Ocho malsanos desean aferrarse a su poder y prevalecer sin importar el costo<, se vuelven completamente crueles, violentos, inmorales y despiadados, no admitiendo la culpa, el temor y cualquier otro sentimiento humano.
Dictatoriales, tiránicos, adoptando la filosofía totalitaria del "el poder concede el derecho" y "la ley de la selva".
Comienzan a desarrollar ideas delirantes acerca de sí mismos (megalomanía), sintiéndose omnipotentes, invencibles e invulnerables; se ponen cada vez más temerarios, extendiéndose demasiado a sí mismos y a sus recursos.
Finalmente, si están en peligro, puede que destruyan vengativa y brutalmente todo lo que no haya acatado su voluntad. Sociopáticos, bárbaros, asesinos.
Los Ocho malsanos se relacionan con su ambiente como abusadores y tiranos, destruyendo cruelmente a cualquier persona y cosa que se interponga en su camino.
EL ESTILO DE COMUNICACIÓN
La Comunicación Verbal
Los Ocho se comunican verbalmente a través de la confrontación como modo de establecer contacto; no son diplomáticos y se sorprenden cuando los demás se sienten atemorizados por su directividad. Sienten que la verdad se abre paso si se presiona un poco, desean llegar inmediatamente al meollo de las cosas, sin perder mucho tiempo en disquisiciones, y tantean a sus interlocutores para saber lo que piensan y de que lado se decantan: "¿Con quién estás tú?"; "Me gustaría oír tu opinión"... Parten de la claridad de sus propias convicciones para saber donde se encuentran los demás. Algunos hablan casi a gritos y con decisión; otros emplean un tono más moderado, pero siempre enérgico.
Gestualidad
El modo de ser y de comportarse de los Ocho exige el respeto de los demás. Algunos no emplean muchos gestos, pero sus expresiones, medidas e intencionadas, centran la atención en lo esencial.
Uso del Espacio
Cada Ocho es un jefe y tiene su propio modo de relacionarse con el espacio en el que vive; unos conservan muchas cosas que podrían necesitar algún día, mientras que otros tienden a prescindir de lo innecesario; a unos les gustan los ambientes ordenados, y a otros no. Todos, en cualquier caso, necesitan ejercer el control sobre su espacio personal; y si alguien lo invade sin permiso, reaccionan con energía.
Relación con el Tiempo
Los Ocho no se sienten condicionados por el tiempo, sino que tratan de controlarlo eligiendo las cosas que deben hacer en cada momento. El tiempo tiene un significado en la medida en que tiene que ver con la acción; cuando están ocupados en algo importante, el tiempo no tiene la menor importancia. Se impacientan cuando tienen que contar con los limites que otros tratan de imponerles, y prefieren hacer lo que hay que hacer sin dilaciones inútiles.
Vestido
Los Ocho visten como a ellos les agrada, sin dejarse condicionar demasiado por la opinión de los demás. El estilo de algunos de ellos es sencillo y práctico; el de otros, clásico y elegante.
PASIONES VICIOS Y VIRTUDES
Los Vicios __________ La Arrogancia
El pecado capital del jefe es la arrogancia y/o la lujuria. Ambas tendencias nacen de la pasionalidad del Ocho, de una exigencia de intensidad rayana en la impulsividad y en el exceso.
La lujuria es el deseo vehemente de placeres carnales. la arrogancia es la pretensión de estar en la verdad, de imponersela a los demás o de afirmarla sin amor.
Aun manteniendo abiertas ambas tendencias, tomaremos en consideración especial la arrogancia como expresión de poder, que puede manifestarse de los siguientes modos.
El Control: Exigencia de dominar las situaciones, vencer en una competición, imponerse en un enfrentamiento directo, hacer respetar el propio espacio y las propias opiniones.
El Predominio de la Acción: La identidad de esta personalidad está vinculada a la acción y a los resultados concretos, con el peligro de descuidar o infravalorar la importancia de los sentimientos en las relaciones.
El Sarcasmo: A veces, el Ocho puede recurrir a actitudes punitivas para hacer valer su superioridad, como el sarcasmo, la ironía, la intimidación y la humillación.
La Contestación: Frente a fuerzas que obstaculizan su voluntad y sus convicciones, el Ocho puede oponer resistencia rechazando la colaboración, provocando el conflicto, denunciando la injusticia y asumiendo una actitud rebelde.
La Insensibilidad: La determinación y la aparente seguridad del Ocho puede significar falta de sensibilidad a su propio mundo afectivo, inclinación a enmascarar su vulnerabilidad y falta de respeto para con la dignidad y el valor del otro.
Las Virtudes __________ La Sencillez
El itinerario de crecimiento de los jefes consiste en interiorizar la virtud de la sencillez, que se cultiva mediante la práctica de actitudes como las siguientes:
_ Dejar que el niño que todos llevamos dentro se manifieste y pueda expresarse.
_ Aprender a ser queridos y no temidos por los demás.
_ Hacerse más capaces de expresar el aspecto tierno y vulnerable de la propia naturaleza.
_ Ser más atentos y sensibles a los sentimientos propios y ajenos, sin tratar de negarlos o esconderlos.
_ Convencerse de que nadie es autosuficiente y de que una sana dependencia de los demás es señal de humanidad y madurez.
_ Aprender a adaptarse a las personas y a las situaciones, sin pretender ejercer el control sobre las cosas.
_ Ser pacientes con el prójimo, reprimiendo el impulso a formular juicios apresurados y sumarios sobre las personas.
DIRECCIÓN DE INTEGRACIÓN __________ El OCHO va al DOS
Se abren a los demás antes que dominarlos. Aprenden a usar el poder que tienen para nutrir a los demás, son heroicos y magnánimos. Dejan a un lado su posición de superioridad, relacionándose con los demás como individuos y como iguales.
Se identifican con los demás, comprendiendo que no son distintos a ellos, y por tanto, merecen los mismos derechos y privilegios. Son empáticos y compasivos, estimulantes, generosos, serviciales y se preocupan sinceramente del bienestar y las aspiraciones de los demás y de las necesidades ajenas como si fueran suyas.
Su capacidad de amar corona sus otras capacidades de liderazgo. Descubren el poder del amor antes que obsesionarse con el amor al poder. Descubren que el amar a los demás va en su propio interés mas profundo.
Al utilizar su poder a favor de los demás, obtienen lo que más necesitan: ser amados por sí mismos. Al aprender las lecciones de Amor en el Dos, al ponerse en la posición humilde pero elevada, (en un extraordinario acto de heroísmo) de servir a los demás.
LAS RECOMENDACIONES
1.- Aunque vaya contra su naturaleza, actúe con moderación. Usted demuestra su verdadero poder cuando se abstiene de atacar a los demás, aun cuando podría hacerlo. Su verdadero poder radica en su capacidad de inspirar y elevar a la gente. Está en su mejor estado cuando se encarga de las cosas y ayuda a todo el mundo durante una crisis. Pocos se aprovecharán de usted cuando sea misericordioso, y para asegurarse la lealtad y devoción de los demás, le servirá mucho más mostrar misericordia que hacer demostraciones de fuerza bruta.
2.- Usted no es la única persona en el mundo. Los demás tienen los mismos derechos que usted, y sus necesidades y derechos no pueden ser ignorados y mucho menos violados. Si los ignora, es inevitable que la gente no sólo le tema (como usted a menudo lo desea), sino que también le pierda el respeto y, a la larga, lo odie. Si usted trata a las personas injustamente, tiene razones para temer que se desquiten del mal que usted ha hecho.
3.- Es difícil para los Ocho, pero aprenden a ceder ante los demás, al menos a veces. Con frecuencia hay pocas cosas realmente en juego, y usted puede permitir que los demás hagan su voluntad sin temor de sacrificar su poder o sus verdaderas necesidades. El deseo de dominar a todo el mundo todo el tiempo es señal de que su ego esta comenzando a inflarse, una señal de peligro de que son inevitables otros conflictos serios con los demás.
4.- Los Ocho típicamente desean tener confianza en sí mismos y no depender de nadie. Pero, irónicamente, dependen de muchas personas. Por ejemplo, quizás usted crea que no depende de sus empleados porque ellos dependen de usted para sus empleos. Podría despedirlos en cualquier momento y contratar a otros empleados. Nadie es indispensable en su pequeño reino, excepto usted. Pero el hecho es que usted depende de los demás para que cumplan sus órdenes, especialmente si sus negocios crecen más allá de lo que usted puede manejar solo. Pero si aleja a toda la gente asociada con usted, a la larga se verá forzado a emplear a las personas más serviles y menos confiables para que cumplan sus órdenes. Cuando lo haga, tendrá razón para cuestionar su lealtad y temer la perdida de autoridad. El hecho es que en su mundo de negocios o en su vida doméstica, su autosuficiencia es en gran medida una ilusión.
5.- Los Ocho típicamente sobrevaloran el dinero como fuente de poder. Tener riquezas les permite hacer cualquier cosa que deseen, sentirse importantes, ser temidos y obedecidos. Pero sigue siendo cierto el viejo cliché que "el dinero no compra la felicidad", porque quienes se sienten atraídos por su dinero no lo quieren por usted mismo, como tampoco usted los quiere ni respeta. Aunque quizás este se el trato faustiano que ha hecho, inevitablemente deberá pagar un precio por cualquier riqueza que tenga. Esta por verse cuan alto será ese precio.
6.- Aprenda a favorecer un objetivo más noble que su propio interés. la familia y las relaciones proporcionan un medio de hacer esto en la vida de la mayoría de la gente. Dar y recibir amor de la pareja y de los hijos es el objetivo más noble que ayuda a la mayor parte de la gente a trascender para encontrar sentido a su vida. Pero si todo se reduce a favorecer su propio interés, se elimina la posibilidad de autotrascendencia, y con ello, la posibilidad de felicidad profunda, crecimiento espiritual y muchos otros valores. Mantener un ego excesivamente inflado es el único modo que tienen muchos Ocho de evitar la falta de sentido, una falta de sentido que, sin embargo, ellos mismo han creado.
7.- Si Dios existe, entonces hay alguien más a quien usted debe someterse, y la sumisión a otro es una de las cosas más difíciles de aceptar para los Ocho. Si usted no cree en Dios, ¿su falta de fe se basa en convicciones intelectuales genuinas o simplemente en el hecho de que usted no desea renunciar a su ego ni a sus goces?. Muchas cosas pueden depender de su respuesta a esta pregunta.
8.- Si usted ha sido despiadado o a causado dolor y daño a los demás, si los ha utilizado para su placer o beneficio (en resumen, si es culpable de cualquiera de las ofensas típicas de los Ocho promedio a malsanos), entonces tiene razón para modificar su vida mientras aun pueda. Una vida vivida en el nivel más bajo de funcionamiento humano, en el nivel de la bestia, resulta en un fin similar a aquel sufrido por otros animales, una existencia finalmente sin sentido y una muerte solitaria.
9.- Uno de sus mayores potenciales es su capacidad de crear oportunidades para los demás. Cuando los Ocho usan su poder para crear esperanza y prosperidad para todo el mundo, se les respeta y recuerda por ser los benefactores que verdaderamente son, por lo tanto, si usted está en una posición de poder y tiene grandes recursos a su disposición, y los utiliza en forma magnánima, no tendrá a quien temer. Antes que hacerse de enemigos, se hará de aliados fervientes. Antes que cuestionar la lealtad de los demás, podrá contar con ella con seguridad. Y aun cuando alguna vez alguien se aproveche de usted, la grandeza de lo que quizás haya logrado jamás podrá suprimirse u olvidarse. En verdad, los demás se ocuparán de que no sea así. Si usted esta atento a las necesidades de los demás, ellos estarán atentos a las suyas.
10.- Piense en el daño que puede hacer a los demás; luego piense el bien. ¿Como quiere ser recordado?.
Esta información adicional puede ayudarte a identificar mejor tu Personalidad; trata principalmente sobre aspectos de los niveles medio y malsano.
LAS PASIONES CAPITALES DEL 8 - LA LUJURIA
Tomado de un artículo del Terapeuta Gestáltico Alfonso Colodrón
La palabra lujuria evoca inmediatamente imágenes de cuerpos desnudos, deseos lascivos y orgías desenfrenadas. Tal vez porque nos hemos quedado estancados en la primera acepción de la palabra: "apetito desordenado de los deleites carnales". No es de extrañar, en el antiguo catecismo de estudio obligatorio, se decía al hablar de las virtudes correspondientes a los "pecados capitales": "contra la lujuria, castidad". Sin embargo, la segunda acepción de la palabra, según el Diccionario de la Real Academia Española, "exceso o demasía en algunas cosas", se corresponde mucho más con las características del "lujurioso" del eneagrama, que otros llaman "el jefe", "el desafiador", "el vengativo", "el justiciero" o "el avasallador". Todos ellos son adjetivos que corresponden al eneatipo OCHO, lo que distingue al "lujurioso" es su enorme apetito por vivir.
El exceso del "lujurioso" es esencialmente un exceso de intensidad existencial, una huida del aburrimiento, de las medias tintas, de la griseidad y, sobre todo, de la ternura y del amor, que es lo que más necesita, pero lo que, al mismo tiempo, más vulnerable le hace. Y así como cada carácter tiene su tabú, el del Ocho sería la vulnerabilidad y la debilidad. Eso es lo que más temen, y su escudo y protección ante este miedo sería su actitud permanente de dominación y de poder. Así pues, esta pasión de intensidad no se manifiesta exclusivamente como una lucha por el estímulo sexual -aunque, también-, sino principalmente por la continua persecución de estímulos vitales de toda clase: grandes proyectos, luchas encarnizadas, reacciones desmedidas, altas velocidades, música a todo volumen, desprecio del peligro y hasta del propio cuerpo, rozar la muerte, propia o ajena... Lo que sea, con tal de sobrestimularse y de evitar la auténtica interiorización, compensando con ello una falta de vitalidad de fondo, que es difícil de apreciar en medio de tanto vendaval.
El carácter Ocho suele tener como fondo un niño o una niña que crecieron en una familia disfuncional o de rígida disciplina militar, vivieron la violencia de algún miembro de la familia -normalmente un padre brutal, insensible o exigente y frío- o respiraron la atmósfera de barrios marginales. El pozo que queda, siendo adulto, es el de haber sido profunda e injustamente heridos y un sentimiento de sorda venganza contra el mundo; si el mundo es cruel, en él sólo pueden sobrevivir los fuertes; es la ley de la selva; prefiero comer a ser comido, hacer sufrir a sufrir. De aquí que el extremo patológico de este carácter sería el correspondiente al fálico-narcisista, al sádico o al antisocial.
La rebeldía de los Ocho no es racional, no procede en general de una ignorancia de las leyes y de la moral, ni de un análisis de su injusticia o de su imperfección. No. Es absolutamente visceral. Existe una especie de anestesia moral que les hace incólumes a la culpa. En todo caso, si culpa hubiera, la tienen los demás. En proyectar la culpa son especialistas. Ellos son como elefantes en una cacharrería o en medio de un corral; que pongan los cacharros fuera de su alcance y que se aparten los pollitos; el que se arriesgue bajo su implacable pisada se tiene bien merecido el morir aplastado, por cruzarse en su camino.
Es casi imposible verlos en una terapia y difícil codearse con ellos en un curso de formación, pues suelen considerarse autosuficientes. Si uno quisiera encontrarlos en grupos y no como especimenes raros y aislados, habría que buscarlos en una Conferencia de Jefes de Estado, una conspiración de terroristas, unas negociaciones entre tiburones financieros, una asamblea sindical o un encuentro de gurús.
Es obvio que las actividades de cualquiera de los grupos mencionados es cualquier cosa menos rutinaria y exige un cierto grado de independencia y autonomía, una imagen autoasertiva y un estar relativamente por encima de las leyes, ya sea porque se tiene poder para cambiarlas, violarlas, aprovecharse de ellas, mejorarlas o superarlas con otro sistema de valores que se pone por encima. En todos los casos, hay poder y confrontación, incluso en el caso del gurú; en el falso gurú, confrontación con los discípulos; en el gurú sincero, confrontación con sus propias pasiones y eliminación final del ego. Curiosamente, el Ocho es alguien que, desde pequeño, aprendió a desconfiar del poder hasta llegar a no creer en él. Sin embargo, toda su vida parece orientada al poder, pues el propio poder es el único en el que confían.
Entre los personajes históricos, destacan Stalin, del que Lenin llegó a escribir que era "demasiado brutal y grosero para ser líder del Partido Comunista"; Enrique VIII, que puso su poder al servicio de sus satisfacción personal; se divorció y ajustició a sus esposas a conveniencia y se hizo nombrar Jefe de la Iglesia de Inglaterra, separándose de Roma, con el pretexto de que el Papa no había sancionado el nombramiento real del arzobispo de Canterbury. Entre los Ocho más evolucionados, Marx o Garibaldi promovieron otro tipo de revolución, motivados por el amor y el idealismo antes que por el odio o la pasión personal de poder. El célebre Rasputín -que significa "libertino" y que ejerció una gran influencia sobre la familia imperial rusa- instituyó un culto religioso en el que la promiscuidad sexual se utilizaba con fines espirituales, en un auténtico intento de transmutar la lujuria. Esta confrontación con las "verdades" establecidas de cada época también fue característica de Fritz Perls, creador de la terapia gestalt, que hubo de enfrentarse a los dogmas freudianos y psicoanalíticos del momento; al centrarse en el "aquí y ahora", pudo trascender su sed de intensidad, dejando al mismo tiempo una huella perdurable en la cultura y una filosofía de vida realmente terapéutica...
Como ocurre con el resto de los eneatipos, también en las personas dominadas por esta pasión, existen diferencias de rasgo, entre los "sexuales", los "sociales" y los "ocho conservación". Los primeros se caracterizan por ser más provocadores y desafiantes. Consideran que las personas que se dicen buenas son simples hipócritas. Tienden a tiranizar a los que le rodean, a los que han seducido previamente con su energía avasalladora y su palabra determinante; también es posible que lo hagan con una conceptualización brillante, construida con síntesis de lecturas, experiencias personales y observaciones perspicaces de los fallos y debilidades de los demás. No es extraño encontrar gurús de este rasgo, que mantendrán sucesivas relaciones sexuales con discípulas o discípulos bajo el manto justificativo de iniciaciones tántricas o de estar buscando el rostro del Amado o el arquetipo masculino detrás de cada relación.
Los "sociales" suelen ser más hedonistas y tienden a aprovecharse del otro de un modo más mercantilista. Al ser algo más moralistas, hasta el punto de parecer puritanos, casi no parecen estar dominados por la lujuria. Es posible incluso que les guste el nido familiar. En todo caso, la amistad y los lazos de complicidad como uno de los valores principales de la vida hace que se parezcan a algunos Seis, pero su lealtad puede llevarles a arriesgar sus vidas, y esto les diferencia de las personas dominadas por el miedo.
Los "ocho conservación" serían los más insensibles, pues su voluntad es la ley. Como dice la canción, "con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley..." y al final "sigo siendo el rey". Sus mecanismos de supervivencia y de conservación de su espacio personal les llevaría a pasar por alto las necesidades ajenas y, en casos extremos, a la eliminación física de los "obstáculos", como en el caso del ya mencionado Enrique VIII de Inglaterra.
Características comunes a los tres rasgos serían la arrogancia, el autoritarismo, la dificultad de recibir y una cierta actitud de venganza inmediata, que no de rencor y resentimiento retenidos. En todo caso, su venganza de fondo sería la de triunfar a toda costa, la de devolver así a la sociedad o a la familia las humillaciones recibidas o las carencias no compensadas. No suelen ser discutidores, pues están seguros de su verdad y no se dignan a perder el tiempo en convencer a los ignorantes de sus errores, que ellos consideran errores ciegos o interesados. La diplomacia no es su fuerte, sino la temeridad en sus afirmaciones y acciones. Sus necesidades pasan por encima de las de los demás y difícilmente admite la crítica. En el fondo de todo, subsiste una envidia sorda y generalizada; no envidian cosas concretas de los que les rodean, sino el hecho de sentirlos incluidos en la vida, de la que ellos mismos se marginan al protegerse tanto de los sentimientos humanos más simples y positivos como el cariño o la ternura.
Pero existen salidas en el dominio individual y colectivo. Un Ocho podría empezar tomando conciencia de que su preocupación por la justicia le hace polarizar el mundo entre amigos y enemigos. Si cuenta diez antes de reaccionar, tal vez empiece a aprender el valor de la interiorización para ver su parte de responsabilidad en cualquier situación en la que tiende a culpar siempre al "otro". El siguiente paso sería poder reconocer sus propios errores y disculparse por ellos. Una actitud receptiva sería la vacuna adecuada contra la búsqueda del poder y el placer de dominar, que ha convertido en sustitutos del amor y del ser.
Cuando los "ocho" dejan aflorar su vulnerabilidad, conectan con su miedo básico a que les hagan daño o los dominen. Cuando se liberan a continuación de este miedo, se disuelven la autoconfianza y la prepotencia y aparece la verdadera fuerza esencial. Esto permite que abracen una causa más grande y los convierte en seres heroicos como Martin Luther King Jr. o Nelson Mandela. Un Ocho evolucionado nos recuerda "la sencilla alegría de existir, la exquisita satisfacción de estar vivos, sobre todo en el plano primordial, instintivo". Cuando abandona su voluntariedad, descubre la voluntad divina, de donde procede su verdadera fuerza. Es entonces cuando aparece la INOCENCIA, como simple encarnación desenfadada de la verdad.
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