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El tipo racional e idealista: La persona idealista, ordenada, perfeccionista e intolerante

EL PERFIL

El Uno (1) es el tipo de la Triada de Relacionarse que menos ha desarrollado su habilidad para relacionarse con el entorno. Es decir, los Unos necesitan sentirse justificados por sus consecuencias antes de poder actuar. Los Unos también tienen problemas para relacionarse con las personas y el entorno porque creen que necesitan ser perfectos antes de darse la oportunidad de hacer lo que pretenden o querer lo que realmente anhelan. Los unos se ven a sí mismos y al mundo que les rodea lejos del estado ideal que hay que alcanzar; por tanto, se sienten insatisfechos con la realidad tal y como es (y con si mismos) ya que siempre se podría mejorar más todo. Los Uno promedios y malsanos se vuelven cada vez más irritables e intolerantes si el entorno no tiende a su idea de perfeccionismo.

SANO: Los Unos sanos son concienzudos, poseyendo un profundo sentido del bien y del mal y sólidos valores morales. Racionales, razonables, autodisciplinados y moderados. Altamente éticos: la verdad y la justicia son valores fundamentales.

La integridad y la rectitud los convierten en sobresalientes maestros morales, ejemplos como personas y testimonios vivientes de la verdad y otros valores. De elevados principios, siempre deseando ser imparciales, justos y objetivos, y anhelando sublimar sus propios deseos en aras del bien supremo.

Encarnan el ideal apolíneo de cultivar la virtud, logrando excelencia y equilibrio. En su mejor estado: se vuelven extraordinariamente sabios y juiciosos, de magnifico criterio, parecen saber que es lo mejor (moralmente) en todas las circunstancias.

Tienen en mente las prioridades adecuadas, lo que les da una perspectiva trascendental. Tolerantes con los demás: la verdad será escuchada. Dan Consejos sabios y son nobles.

Las fortalezas de los Uno sanos incluyen la capacidad de relacionarse objetivamente con el ambiente. Los Uno sanos son razonables, equitativos y concienzudos, guiados por principios que les dan una conciencia fuerte y un claro entendimiento del bien y del mal.

PROMEDIO: Los Unos promedio empiezan a sentir una "noblesse oblige", es decir que depende de ellos mejorar todo personalmente, se convierten en reformadores, cruzados, críticos e idealistas nobles. Promueven causas, se preocupan de trabajar en pos de un ideal que haga que las cosas progresen como "debieran". Se vuelven temerosos de cometer un error: todo debe ser consecuente con sus ideales.

Se tornan ordenados, pulcros, metódicos, bien organizados, lógicos y detallistas, aunque rígidos, impersonales, serios y emocionalmente constreñidos; tienen refrenados sus sentimientos e impulsos, lo que resulta en una característica antiséptica, sexualmente reprimida. Puritanos, anales (compulsivos), exigentes, meticulosos, puntuales y pedantes.

El pensar es jerárquico y deductivo, separado todo en dicotomías de blanco o negro, bueno o malo, correcto o incorrecto. Altamente pertinaces respecto a todo, corrigiendo a las personas y fastidiándolas para que hagan lo que según ellos es correcto. Críticos consigo mismos y con los demás: enjuiciadores, impacientes y reparones.

Perfeccionistas, trabajólicos y detallistas, jamás se sienten satisfechos con otra cosa que no sea la perfección en sí mismos y los demás, Moralizadores, regañones y enojados con indignación con cualquier persona (o cosa) que ellos consideren incorrecta, equivocada, desordenada o fuera de lugar.

Los Uno promedio están en desequilibrio con sus emociones, que tratan de controlar demasiado. Se esfuerzan por conseguir nada menos que la perfección absoluta, encontrando difícil aceptar cualquier cosa tal como es, porque siempre puede ser mejor.

MALSANO: Los Unos malsanos pueden ser intolerantes, extremadamente dogmáticos e inflexibles. Solo ellos conocen la Verdad y hacen declaraciones implacablemente a partir de absolutos estrechos y prohibitivos. Muy severos en sus juicios; ellos tienen la razón, los demás no.

Emplean la sofisticación y racionalizaciones paran mantener su posición "lógica". Se obsesionan respecto a la maldad de los demás, aunque, irónicamente, puede que hagan lo mismo o algo peor, haciendo hipócritamente lo contrario de lo que predican mientras racionalizan sus propias acciones o actitudes contradictorias.

Si los demás no actúan como ellos dicen, se tornan inhumanamente crueles y sádicos, condenando a los demás y encargándose de que sean castigados.

EL ESTILO DE COMUNICACIÓN

La Comunicación Verbal


Los Uno se comunican verbalmente juzgando de manera instintiva la realidad: centran su atención en los comportamientos, no en las motivaciones que puedan subyacer a estos. Tienden a moralizar: "¿Has visto?; ¿no te lo había dicho yo?"; "Te has equivocado"... En su vocabulario se repiten expresiones como "Es preciso"; "Habría que"; "Todos deberíamos"... Su tono de voz es a veces tajante y/o culpabilizante. En ocasiones se demoran en repetir informaciones o instrucciones para cerciorarse de que su interlocutor ha comprendido bien y no van a cometer errores.

Gestualidad

A los Uno les cuesta mucho estar relajados. Su constante tensión les lleva a mantener el cuerpo erguido y los músculos dispuestos para la acción. En general, son tipos altos y delgados, cuyo físico está dominado por el sistema nervioso.

Uso del Espacio

Los Uno tienen fama de estar obsesionados por el orden. Cada cosa debe estar en su sitio: las carpetas, los zapatos, los vestidos... Su entorno debe reflejar una imagen de limpieza y perfección. Ahora bien, a pesar de ser meticulosos y organizados, en su ambiente hay casi siempre un lugar desordenado, cuya función y contenido solo ellos conocen.

Relación con el Tiempo

Los Uno ven el tiempo como algo que hay que valorar y que no debe derrocharse inútilmente; por eso lo organizan y utilizan responsablemente. El tiempo está hecho de horarios y plazos a los que hay que atenerse. A menudo se sienten estresados porque el tiempo nunca les llega para cumplir correctamente sus deberes. Tienen siempre la sensación de que, si hubieran tenido más tiempo, las cosas habrían salido mejor.

Vestido

Junto a los Cuatro, los Uno son personas que más atención prestan al modo de vestir como medio de transmitir su imagen. Su ropa suele estar bien coordinada, visten con gusto y elegancia y prefieren los colores clásicos.

PASIONES VICIOS Y VIRTUDES

Los Vicios __________ La Ira

El pecado capital de la personalidad Uno es la ira o la cólera, entendida en todas sus variantes y matices: irritación, frustración, insatisfacción, resentimiento, impaciencia, desde, intolerancia, rencor...

El elevado nivel ético y de comportamiento del Uno, con las exigentes expectativas que abriga respecto de sí mismo y de los demás, le hace percibir enseguida y sufrir la diferencia existente entre el ideal y la realidad. A pesar de todos sus esfuerzos y de incansable trabajo, la realidad y las relaciones, siguen siendo muy imperfectas y dejan mucho que desear.

El Uno aprieta los dientes para disimular su insatisfacción y enmascarar su ira, que le produce malestar y disgusto, porque le hace dar una imagen demasiado humana e imperfecta de sí. Está convencido de que las personas educadas no tienen que airarse jamás, y su insatisfacción se manifiesta y se somatiza en la tensión de su rostro y en el tono de su voz.

El Uno es una olla a presión, cuya rabia, contenida y controlada, puede manifestarse bajo diversas formas, tales como:

La Superioridad: La irritación ante las limitaciones de los demás puede traducirse en actitudes de superioridad profesional, ética, intelectual, de comportamiento...

El Hipercriticismo: Constante inclinación a detectar instintivamente los errores y los aspectos negativos de las personas, así como a puntualizar sistemáticamente las cosas que no funcionan, tanto dentro como fuera.

El perfeccionismo: Excesiva preocupación por los detalles, debida a su obediencia a normas y autoridades abstractas, a su obsesión por la mediocridad y a su impaciencia consigo mismo y con los demás.

Tendencia a imponer los propios criterios y juicios, adoptando un tono de sermón y de reprimenda en relación con los comportamientos considerados erróneos; el moralista degenera a menudo en actitudes culpabilizadoras.

El Supercontrol: Tendencia a la rigidez y a la falta de espontaneidad. La Tensión provocada puede dificultar la distensión, perturbar el sueño, complicar la digestión y originar ulceras, gastritis, etc.

Las Virtudes __________ La Serenidad

El itinerario de crecimiento para los idealistas pretende conseguir la serenidad del corazón mediante la practica de actitudes como las siguientes:

_ Educarse en la afirmación de lo que hay de bueno y positivo en uno mismo y en los demás, sin atormentarse por lo que sigue siendo incompleto e imperfecto.

_ Ser concientes de que hay distintos modos de hacer las cosas, sin absolutizar el propio y sin menospreciar los de los demás.

_ Transformar la cólera en energía positiva, sin necesidad de juzgarla o de justificarla, sino canalizándola al servicio de la justicia y de la verdad.

_ Tener paciencia y apreciar los pequeños esfuerzos, sin lamentarse por los errores cometidos o las oportunidades perdidas.

_ Aprender a reirse de uno mismo, desdramatizando los propios desaciertos y relativizando las angustias.

_ Valorar la importancia de las cosas objetivamente, sin hacer una montaña de un grano de arena, ni de una pulga un elefante.

_ Consolarse con la idea de que la salvación del mundo no depende de los propios esfuerzos y confiar en la providencia de Dios.

_ Convivir creativamente con las propias limitaciones e imperfecciones.

DIRECCION DE INTEGRACION __________ El UNO va al SIETE

Se relajan y aprenden a encontrar deleite en la vida, confían en sí mismos y en la realidad, volviéndose afirmativos de la vida antes que controlados y tensos. Descubren que la vida no siempre es desagradable y seria: la felicidad es una repuesta legítima a la existencia. Se puede encontrar placer sin hundirse en la ciénaga de la sensualidad. La gente puede satisfacerse y realizarse sin volverse irresponsable o egoísta.

Ya no sienten que deben hacer todo perfecto. Progresan de la obligación al entusiasmo, de la represión a la libertad de acción. Son más relajados y productivos, son capaces de expresar sus sentimientos espontáneamente. Son más sensibles al mundo más juguetones y mucho más felices. Se han quitado el peso de la perfección innecesario.

Pueden disfrutar de las cosas buenas de la vida sin sentirse obligados a mejorarlas. Las cosas no tienen que ser perfectas para ser buenas. Se dan cuenta que en la vida muchas cosas ya son buenas, incluso maravillosas. Se maravillan de la naturaleza, la belleza, de las artes o los logros extraordinarios de los demás, que, como ellos, son imperfectos, pero han sido capaces de hacer contribuciones valiosas.

Pueden ser flexibles sin comprometer valores genuinos. Dejan de predicar desde lo abstracto y viven la vida tal como es. Han descendido del Olimpo para unirse a la raza humana.

LAS RECOMENDACIONES

1.- Aprenda a relajarse. Dese tiempo para usted mismo, sin sentir que todo depende de usted o que aquello que no realizo resultará en caos y desastre. Misericordiosamente, la salvación del mundo no depende sólo de usted, aunque a veces quizás sienta que es así.

2.- Usted tiene mucho que enseñar a los demás y probablemente es un buen maestro, pero no espere que los demás cambien inmediatamente. Lo que es obvio para usted, quizás no sea tan obvio para ellos, especialmente si no están acostumbrados a ser tan disciplinados y objetivos respecto a sí mismos como usted. Puede que mucha gente también desee hacer lo correcto y quizás este de acuerdo con usted en principio, pero por varias razones simplemente no puede cambiar de inmediato. El hecho de que los demás no cambien inmediatamente según sus preceptos, no significa que no cambiaran algún día en el futuro. Sus palabras y, sobre todo, su ejemplo pueden ayudar a la gente más de lo que usted percibe, aunque quizás sea más lento de lo esperado. Así que tenga paciencia.

3.- Es fácil que las fechorías de los demás lo encolericen. y quizás a veces sea cierto que están equivocados. ¿Pero qué hay de usted?. Como dice el refrán, quite la viga en su propio ojo antes de molestarse por la paja en el ojo ajeno. Usted no está libre de imperfecciones y deficiencias, así que deje de vigilar a todos los demás y reconozca sus propios defectos.

4.- Es importante que usted se ponga en contacto con sus sentimientos, especialmente con sus impulsos inconscientes. Quizás descubra que se siente incómodo con sus emociones e impulsos sexuales y agresivos, en resumen, con esas cosas complejas que nos hacen humanos. Podría serle beneficioso llevar un diario o ingresar a algún tipo de terapia de grupo u otro trabajo grupal tanto para desarrollar sus emociones como para ver que los demás no lo condenan por tener necesidades y limitaciones humanas.

5.- Su talón de aquiles es su ira farisaica. Usted se enoja con facilidad y se ofende por lo que considera la perversa negativa de los demás a hacer lo correcto, como usted lo ha definido. Trate de dar un paso atrás y ver que tiende a desempeñar el rol de "juez y jurado", sermoneando y moralizando a todos los demás, a menudo sin mucho efecto. Su propia ira bien puede estarle causando una úlcera o presión alta y es precursora de cosas mucho peores.

6.- Una de las cosas más difíciles para los Unos es aprender a permitir que la gente sea como es y tomar decisiones por su propia cuenta. Es tentador decir a los demás lo que usted cree que debieran hacer, y si bien puede tener razón, la sabiduría de sus palabras no servirá de nada, porque quizás usted no ha actuado en forma sabia. Actuar sabiamente implica saber cuanto hay que decir y cuando hay que decirlo; implica saber que es lo que su oyente puede aceptar y aprender. Los pensamientos más sabios no sirven de nada a menos que los demás estén preparados para escucharlos. Por lo tanto, permita que la sabiduría sea su guiá y no su "corrección".

7.- Escuche a los demás: con frecuencia también tienen razón. Y aun cuando no la tengan, casi siempre hay algo de verdad en el punto de vista que expresan. Al escuchar a los demás, usted no sólo aprenderá más, sino que se convertirá en un maestro más informado y sensible. Cuando hable, los demás sabrán que están escuchando a un ser humano y no una maquina lógica.

8.- Los perfeccionistas sacan de sus casillas a la gente. Probablemente no existe un solo modo absolutamente correcto de hacer todo, desde lavar platos a planchar una camisa, diseñar un jardín o realizar cualquier otra actividad en la vida. Se pueden hacer muchas cosas diferentes en forma diferente sin que nada valioso sufra daño por ello. Además, el perfeccionismo que sólo es una exigencia inútil, socava la confianza que tiene la gente en usted cuando la aconseja sobre algo verdaderamente importante. En resumen, es necesario discriminar entre aquellos momentos cuando la perfección es una norma útil y cuando no lo es.

9.- Los Uno malsanos tienden a ser obsesivos en sus pensamientos y compulsivos en sus actos, e incluso los Uno promedio empiezan a manifestar elementos de estos tipos de conducta. Trate de resistir ambas tendencias tan pronto como se percate de ellas; si cede a ellas, lo conducirán a una conducta cada vez mas destructiva. En particular, tenga conciencia del deseo de total orden y control de su ambiente, ya que es precursor de otros desordenes más oscuros. (A menudo, un exagerado sentido del orden es un desplazamiento del temor de perder el control en alguna otra área de su vida). Trate de descubrir qué es lo que realmente le incomoda y aborde esos problemas; no desperdicie su energía en las miles pequeñas molestias en las que tiende a desgastarse.

Esta información adicional puede ayudarte a identificar mejor tu Personalidad; trata principalmente sobre aspectos de los niveles medio y malsano.

LAS PASIONES CAPITALES DEL 1 - LA IRA
Tomado de un artículo del Terapeuta Gestáltico Alfonso Colodrón

Corresponden al tipo de persona justiciera, cuyos correctísimos modales y, muchas veces, voz meliflua ocultan una ira contenida por el tabú de la violencia. "Nunca jamás la violencia", al menos abiertamente manifestada, podría ser uno de sus eslóganes. Su arma más utilizada: la crítica hacia los demás y, a veces, la autocrítica. En cualquier caso, el otro siempre queda en posición de inferioridad, por no alcanzar el modelo de perfección ideal.

En su infancia solían ser niños o niñas buenas, que se tragaban su rebeldía y, ajustándose a las normas, conseguían ser modelos para los demás. Una manera como otra de conseguir amor y aprobación, pero a cambio de un precio altísimo: traicionar su espontaneidad y su anhelo de disfrute de la vida. Para ello, debieron construirse un falso mundo ideal y perfecto al que ajustar todos sus pensamientos, sentimientos y acciones.

A medida que crecían se iban dando cuenta de que el mundo no era como les habían dicho, como ellos se lo habían pintado; empezaron a acumular resentimiento, oculto muchas veces bajo el apego a las reglas y al orden, el predominio del deber sobre el placer, la inflexibilidad moral y un alto concepto de sí mismas, casi siempre en contradicción con su afán de perfección.

Claudio Naranjo pone de relieve que los autores cristianos pensaban que la ira era uno de los obstáculos para la virtud, sin advertir que, precisamente, bajo la apariencia de virtud es como encuentra la ira inconsciente en su forma de expresión más característica.

Hay otros que cuando se ven imperfectos... se airan contra sí mismos... tienen tanta impaciencia, que querrían ser santos en un día. En cualquier caso, el "uno" se ve altruista y su impaciencia es sólo la del que desea la justicia y el orden para todos.

Sería simplista meter a todos los "iracundos contenidos" en el mismo saco. Los hay perfeccionistas que sufren y hacen sufrir a los demás intentando que todo lo que hacen sea perfecto, obsesivos por el orden e incapaces de delegar tareas, porque nadie las hace tan bien como ellos. Los hay perfeccionadores que nunca están satisfechos con lo que hacen: la carne podría haber estado más en su punto, al pescado le podrían haber puesto un poco más de eneldo, la raya del pantalón les salió un poco torcida; el problema es que esa insatisfacción de no dar nunca la talla de su ideal la transfieren a las personas con las que trabajan o conviven: todo lo que éstas hacen, siempre lo podrían haber hecho un poco mejor con solo un poquito más de esfuerzo y mejor voluntad. Pero también están los perfectos: ellos lo hacen todo mejor; su mecanismo preferido es la proyección: el mundo iría mejor si todos pensasen y actuasen como ellos. La causa de su infelicidad son los demás o, como diría Sartre, "el infierno son los otros". En lugar de responsabilizarse de sus deseos -"yo quiero"-, simplemente afirman: "tú debes".

A un "uno" le encantaría ser juez, fiscal, inspector de Hacienda, maestro y, en otros tiempos, estaría muy a gusto en la piel de un inquisidor o de un cruzado. Un buen ejemplo oriental de este tipo de carácter sería Confucio, maestro y predicador de la piedad filial, las virtudes sociales y la obediencia al Estado. En Occidente, tal vez el más influyente de los personajes históricos con este tipo de carácter sea Martín Lutero, quien, según Erik Erikson....., por la ira que le producía su padre, fue capaz de desafiar al hombre más poderoso de su tiempo, el Papa, y crear todo un movimiento religioso, filosófico, político y social basado en la crítica a la corrupción de la Iglesia católica romana.

Socialmente, este primer tipo del Eneagrama podría ser ejemplificado por el carácter anglosajón victoriano del siglo pasado, encorsetado en rígidas normas legales y sociales, autocomplaciente, menospreciador de las culturas ajenas, impulsado a salvarlas de su "ignorancia" y "salvajismo". La enorme violencia soterrada queda velada por los buenos modales y un aparente comportamiento flemático. La "justa indignación" ante los "desmanes" ajenos, tal vez aquellos que ellos no se permiten, pero que desean desde lo más profundo de sus impulsos reprimidos, puede adoptar actitudes que van desde marginar al "desviado" hasta imponerle la pena capital con toda justificación y la mejor buena conciencia, para "cortar el cáncer social de raíz".

En definitiva, los "unos" han olvidado sus verdaderos impulsos y deseos en aras de hacer lo correcto, que es la medida de su autoimagen, lo que les da valor a sus propios ojos. Un buen vino deberá reservarse para un día de fiesta o una ocasión en que haya que agasajar a unos amigos, pero jamás tomársela para alegrarse un poco un día malo o monótono. Unos bombones deberán ser compartidos; si se toman a solas, habrá que justificarse para liberarse del sentido de culpa. El placer por el placer es tan tabú como la manifestación de la ira. Si la manifiestan, tal vez habría que tomarlo, según los casos y las circunstancias, como un paso adelante en la sanación.

Simplificando un poco, a un "uno" podría hacerle evolucionar la convivencia con un "siete" goloso y hedonista, si éste no muere antes en el intento. También, cambiar las múltiples responsabilidades que se auto imponen por prioridades reales y realistas; cuestionarse sus normas internas; aceptar que "lo mejor es enemigo de lo bueno"; abrirse al sistema de valores de otras personas; escuchar y atender sus auténticos impulsos de placer; diferenciar entre el "debería" y lo realmente deseable; atender a lo central y olvidarse de lo periférico, de los detalles "imperfectos"; pero, sobre todo, entregarse a la realidad, tal cual es, aquí y ahora, y abrirse a la vida como éxtasis y no como tarea.

Los Uno malsanos son intolerantes y farisaicos, obsesionándose con el mal que encuentran en los demás, mientras ignoran sus propias acciones contradictorias. Pueden ser crueles y despiadados con los demás.






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